"No tengo palabras para describir la manera en que se ha cuidado a mi madre en esta clínica .… Da mucho gusto que ustedes tengan algo así, porque en casa no tenemos las medicinas ni el equipo que se necesitan para atender a una persona en esta situación."
hijo de una paciente de Serenity House.
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Una familia reunida

Luis Mendoza conoció a su mamá por primera vez dos semanas antes de que ella muriera. Sentado en el jardín de Serenity House en una mañana reluciente de primavera, este joven de 16 años confió: "Me siento triste por haberla conocido en tal situación, pero me siento feliz a la vez, pues yo no la conocía." Luis tenía tan solo seis meses la última vez que su mamá, Isabel, le había tenido en sus brazos. Luis no tenía ninguna memoria de su mamá, quien había perdido contacto con su esposo, el papá de Luis, y no había visto a Luis ni a sus dos hermanos por más de 15 años.

Todo eso cambió durante las últimas semanas de la vida de Isabel, cuando Luis conoció de nuevo a su mamá en Serenity House, que significa en inglés "La Casa de la Serenidad".

Con 45 años de edad, Isabel era una de las pacientes más jóvenes que Serenity House había recibido. Era una mujer pequeña de cabello castaño quien no mostraba sus emociones fácilmente. Le habían diagnosticado cáncer del cuello de la matriz y dos años más tarde, después de dos meses de tratamiento en el Cottage Hospital, se empeoró su expectativa de vida: sus médicos ya habían probado todos los tratamientos posibles, sin resultado. Al mismo tiempo se dieron cuenta que Isabel necesitaba cuidado médico especializado y que su hermana, Ana, no estaba capacitada para poderle cuidar en esta etapa de su vida. Por eso, le propusieron a Isabel trasladarse a Serenity House, para que el equipo de Hospice le pudiera dar todo el cuidado necesario para aliviar lo mejor posible su estado.

Serenity House es una clínica que se parece mucho a una casa de familia. Existe para cuidar de las personas con enfermedades limitantes de la vida quienes por alguna razón no están en condiciones de recibir cuidado médico en casa. Forma parte de los servicios proporcionados por Visiting Nurse & Hospice Care, una organización sin fines de lucro conocida en español como "Enfermeras en Casa".

Jannele Gonzales, una de las enfermeras de Serenity House, recordó que los hijos menores de Isabel -- Margarita, Rosa y Tomás, de 14, 11 y 9 años de edad -- "venían a Serenity House todas las tardes para acompañar a su mamá. Se sentaban en su cuarto y hablaban con ella, manteniendo la unión de la familia."

Durante su estancia en Serenity House Isabel le contó a su consejero espiritual, Mario Cepeda, quien forma parte del equipo de Hospice, que ella tenía tres hijos mayores que vivían en otro estado.

"Me sorpendió conocer la existencia de los otros hijos," dijo el Sr. Cepeda. "Le pedí permiso a Isabel de informarles a sus hijos mayores que ella estaba en la última etapa de su vida. Cuando hablé con ellos por teléfono me di cuenta de cuanto dolor sentían por no conocer a su mamá."

Durante toda una semana el señor Cepeda e Isabel hablaron de la familia que ella no había visto durante tanto tiempo. Eventualmente ella le dio permiso para invitarles a venir a verla en Santa Bárbara.

Sin embargo, resultó que la familia no tenía fondos suficientes para hacer el viaje desde Arkansas a Santa Bárbara. Un voluntario de Serenity House estaba en contacto con la organización Dream Foundation y por medio de sus esfuerzos la familia recibió ayuda financiera de esa fundación.

La familia por fin fue reunida alrededor de la cama de Isabel, rodeada por sus imágenes del Sagrado Corazón y la Virgen de Guadalupe. Sus hijos vieron una madre que, a pesar de su enfermedad, tenía las manos delicadas y el cutis de una mujer de 20 años.

El equipo de Serenity House se emocionó al ver la manera en que los hijos de Isabel se relacionaron con su madre.

"Le trataron a su mamá con tanto respeto... Fueron capaces de darle el amor que ella esperaba recibir de sus hijos. Fue algo muy bello. Mostraron la madurez de darle lo que ella necesitaba sin guardarle rencor," dijo la enfermera Gonzales.

Los dos grupos de hermanos, que nunca se habían conocido, tenían mucha ilusión por conocerse. "Desde el principio los hermanos se llevaron bien. Fue como si ya se conocieran desde hacía mucho tiempo. Esto se veía por la manera en que se hablaban unos a otros," dijo José Velázquez, un enfermero de Serenity House.

Durante los diez días que duró la visita de los hermanos, el equipo de Serenity House guió a la familia en un proceso de perdón, ayudándoles a hablar de "cosas del pasado que nos han separado," explicó el señor Cepeda.

Luis y sus hermanos acompañaron a su mamá durante horas, descansando de vez en cuando en el patio al lado de su cuarto.

Mientras tanto, las enfermeras y los médicos de Serenity House proporcionaron las 24 horas el cuidado médico que a Isabel le hacía falta.

Los hermanos mayores no querían volver a Arkansas mientras que su madre estuviera viva, pero ella con firmeza les dijo que sí tenían que regresar. Adrián, el segundo hijo, de 21 años, ya había dejado su trabajo por haber sido negado los días libres necesarios para ir a ver a su mamá.

Una vez que los hijos mayores regresaron a Arkansas por su trabajo, la directora de Hospice de Enfermeras en Casa, Babetta Daddino, sugirió que las familias se mantuvieran en contacto por medio de una computadora. John Dougherty, el Director de Informática de la organización, instaló una computadora portátil con una cámara en el cuarto de Isabel, y con la ayuda de sus vecinos los hermanos en Arkansas hicieron lo mismo.

Por medio de la computadora pudieron visitar a su mamá durante su último día.

Cuatro días después de que sus hijos mayores volvieron a su casa, Isabel perdió el conocimiento. Al día siguiente los hermanos, mayores y menores estuvieron unidos toda la tarde, vigilando a su mamá y hablando por medio de la cámara de la computadora. Esa noche, a pesar de los obstáculos, Isabel falleció rodeada por su familia. Había pasado 31 días en Serenity House.

"No tengo palabras para describir la manera en que se ha cuidado a mi madre en esta clínica," dijo Miguel, el hijo mayor, de 26 años. "Da mucho gusto que ustedes tengan algo así, porque en casa no tenemos las medicinas ni el equipo que se necesitan para atender a una persona en esta situación."

El día en que se iba para Arkansas, Adrián dijo, "Estoy agradecido de ustedes por haberla visto, por volverla a ver después de tanto tiempo, aunque haya sido en esta situación. Es mejor de que si nunca la hubiera vuelto a mirar. Gracias por habernos ayudado a cumplir ese sueño."

Para aprender más acerca de nuestros servicios, en Santa Bárbara llame al 805-965-5555; en los valles de Lompoc y Santa Ynez llame al 805-693-5555.