Diego y Anita

Diego y Anita - ¡Estamos para servirle!

“Siempre ha sido mi ilusión casarme …” dijo Diego Carachure con una mirada risueña la semana antes de su boda. Se podría pensar que éstas fueran las palabras de un joven de veintitantos años, en vez de las de un patriarca de 69 años.

Habiendo sido diagnosticado con un cáncer en la fase terminal, fue durante su estancia en el hospital que Diego conoció a Mario Cepeda, consejero espiritual del programa Hospice de la organización no lucrativa “Enfermeras en Casa” (conocida en inglés como Visiting Nurse & Hospice Care).

Hospice es una manera especial de cuidar de una persona que está en la última fase de su vida. Como dice el señor Cepeda, “En Hospice nos encargamos no sólo de ayudar a las personas a prepararse para la última fase, sino también para celebrar la vida.”

Como parte del programa de Hospice es la costumbre que una enfermera, un trabajador social y un consejero espiritual visiten al paciente en distintas ocasiones para ofrecerle apoyo. “Si es posible, ayudo al paciente a hacer una reflexión acerca de su vida. Muchas veces surge algo importante que la persona siempre ha querido hacer y que no ha sido posible,” explicó el Señor Cepeda.

Para Diego, su sueño era casarse en la Iglesia católica con Anita, su esposa desde hace 47 años. Pero para llegar a ese momento feliz Diego tuvo que pasar por un laberinto de obstáculos.

La historia de Diego

Cuando era un hombre joven Diego fue prometido a una muchacha de su pueblo, Acuchitlán, en el estado de Guerrero, en México. Para reunir el dinero para la boda Diego se inscribió en un programa para trabajar en los Estados Unidos. Se fue primero a Campo Verde en Arizona a cortar lechugas, luego a los limonares de Santa Paula, y así fue durante cuatro años de noviazgo, saliendo y volviendo a su pueblo. Pero cuando volvió de su último viaje supo que su novia había estado saliendo con otro, y se canceló la boda.

Diego había conocido a Anita Figueroa Tabira cuando ella era niña, y en aquel año él la conoció de nuevo. Notó que la joven ya se había convertido en una mujer linda y bondadosa, y se enamoró de ella. Le hizo la corte y ella aceptó casarse con él.

Era la costumbre de casarse primero por lo civil y luego por la iglesia, y así lo pensaban hacer Anita y Diego. Tuvieron su ceremonia de matrimonio civil, y su boda en la iglesia iba a tener lugar ocho días después. “Hicimos todos los preparativos para la boda,” explicó Diego. “Estaba todo listo en casa para la fiesta. Estaban todos los invitados en la iglesia. Pero cuando nos presentamos al altar nos dijo el cura que no nos iba a casar. Le rogamos que nos casara. Ya le habíamos pagado sus honorarios, y le ofrecimos darle aún más dinero, pero no lo quiso hacer.”

Más tarde Diego se dió cuenta de que las acciones del sacerdote fueron motivadas por el hecho de que él era el tío de su primera novia. Su fe en la Iglesia católica se dañó profundamente. “Fue una vergüenza tremenda. Me sentía tan decepcionado que dejé de creer en los curas,” contó Diego.

Después de la frustración de la boda Diego empezó a trabajar de nuevo. Pronto se añadió un hijo a la familia, y otro más. Cuando llegó el tercer hijo Diego se vió obligado a vivir fuera de su pueblo para buscar el sustento de su familia. Estuvo trabajando durante años en Acapulco, luego en el Distrito Federal. Después de muchos años volvió a trabajar en los Estados Unidos. “Me dediqué a mis hijos,” dijo Diego. “Durante muchos años todos mis recursos fueron para eso.”

En 1982 empezó los trámites para traer a su familia, que ya incluía 6 hijos, a Estados Unidos. La familia se reunió en California en 1986.

De su vida espiritual Diego contó: “Cuando ibamos a misa todos se levantaban a recibir la hostia y nosotros, nada – sentíamos que no podíamos [por no haber recibido el sacramento de matrimonio por la Iglesia]… Pero siempre pensé, ‘Algún día me voy a casar.’”

Estando en Santa Bárbara, de nuevo Diego buscó como casarse por la iglesia. “Fuimos algunas veces a hablar con el padre de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Él nos dijo que sí nos podíamos casar, pero nos faltaba algo. Tal vez un papel… no me acuerdo de lo que era, pero no lo teníamos y dejamos de insistir.”

Mientras estuvo en el hospital Diego conoció al padre Ludo deClerq de la iglesia de la Santa Cruz. “Cuando él nos vino a visitar en el hospital yo me sentía mal. Le dije que me quería casar por la iglesia, y él me dijo que era posible, pero con la confusión de los síntomas y la quimioterapia le perdimos de vista.”

Cuando Diego ingresó en el programa de Hospice de las “Enfermeras en Casa”, el señor Cepeda fue a visitarlo. Lo describió así: “Diego y Anita me contaron que habían conocido al Padre Ludo, pero que habían perdido contacto con él. Inmediatamente me dí cuenta de que la boda significaba algo muy importante para ellos, y que no tenían mucho tiempo. Por lo tanto hice todo lo posible para acelerar los trámites para la boda.”

Llamó al Padre Ludo para fijar los detalles. Informó a las enfermeras de su agencia de las necesidades de la pareja y una de ellas le dio un traje a Diego, y otras donaron dinero. El Armario de Préstamo de las Enfermeras en Casa proveyó un bastón, y la fundación aliada a la organización pagó la fiesta de boda. La familia Carachure hizo los demás preparativos, como obtener el vestido de la novia, preparar el patio de su casa para la fiesta, y encontrar el grupo musical.

La semana antes de la boda, Diego dijo, “Me siento bien – como que algo bonito va a pasar en mi vida, aunque sea el último día que pueda yo disfrutar esa felicidad. Porque al fin se va a realizar mi sueño que todo el tiempo lo he deseado. Así quiero pertenecer cuerpo y alma a mi Diós.” Al señor Cepeda le dijo, “Por todo le que estás haciendo por mí, Diós te va a pagar, porque yo… no tengo cómo hacerlo.”

El sueño del señor Carachure se hizo por fin realidad cuando él y Anita se presentaron en el altar de la iglesia de la Santa Cruz, en una ceremonia presidida por el Padre Ludo. Casi todos sus hijos y nietos asistieron, además de otros familiares y amigos, y personal de las Enfermeras en Casa. Durante la ceremonia, por causa del estado débil de Diego, Anita y él estuvieron sentados en sillas.

Después de la ceremonia, cuando el Padre Ludo les presentó a los congregados como marido y mujer, Anita estuvo radiante, sus ojos llenos de emoción. Diego se apoyaba en su bastón y lucía una expresión solemne. Entonces Diego y Anita se besaron y se abrazaron tiernamente, rodeados por sus nietos, como las bellas flores de la primavera.

En la fiesta de boda, Diego continuó a apoyarse en su bastón, pero luego lo dejó de lado para bailar con su linda esposa, apoyándose en ella. Ambos, Diego y Anita, luego bailaron con sus invitados, que les abrochaban billetes de cinco, de 10, de 20 y hasta de 100 dólares, en el traje de Diego y en el chal de Anita, en cambio por el privilegio de bailar con ellos.

Más tarde Diego y Anita dirigieron la palabra a sus invitados, dando las gracias de todo corazón a los que estaban en la fiesta, y a los que habían ayudado a hacerlo todo posible. Mencionaron especialmente a las Enfermeras en Casa, agradeciéndoles por su apoyo tan atento y compasivo. A la puesta del sol Diego y Anita estuvieron sentados, juntos y tranquilos, observando a sus invitados que bailaban y se divertían. La bendición de su unión, tanto tiempo esperada, había por fin llegado.

Para aprender más acerca de los servicios de Hospice, en Santa Bárbara llame al 805-965-5555; en los valles de Lompoc y Santa Ynez llame al 805-693-5555.